500 partidos: David Ruiz de Lazcano

David Ruiz de Lazcano es el mayor plusmarquista del Club Baloncesto Santutxu. De lejos, es el jugador que más encuentros ha disputado con la elástica rojilla y muy pocos en Bizkaia pueden decir haber alcanzado la cifra que ha logrado en Berrio-Otxoa. David hizo historia el pasado domingo en Amorebieta al escalar el enésimo ochomil de su carrera al jugar su partido número 500 en categoría senior. 26 temporadas, que se dice pronto. Aunque para él es solo un número. David prefiere quedarse con la infinidad de anécdotas, recuerdos, experiencias, momentos malos y buenos, y gente con la que ha compartido vestuario durante todo este tiempo que le ha dedicado al deporte que le ha dado todo. La banda sonora del baloncesto ha compuesto la melodía de su vida, y todo apunta a que seguirá haciéndolo, de una forma u de otra.

David, acabas de cumplir 500 partidos jugados en categoría senior, ¿qué supone para tí poder llegar a esta cifra con el club de tu vida?

Realmente el dato de 500 partidos es anecdótico. Nadie en la historia del club ha llegado a esa cifra, porque nadie ha sido tan ‘pirado’ de jugar 26 años seguidos en el mismo equipo. Solo he estado fuera del equipo durante 4 meses, que jugué en Leioa una temporada. Lo más importante de todos estos años jugando es la cantidad de amigos que he hecho. No solo los 117 que han jugado conmigo, sino también muchos que han entrenado con nosotros y no han llegado a jugar. Y la de árbitros, mesas, y rivales que también puedo considerar amigos.

¿500 partidos en cuántas temporadas se traduce?

26 temporadas se traduce en que cuando yo jugué mi primer partido con este equipo, solo dos de los compañeros de mi equipo actual habían nacido, por ejemplo. He tenido la oportunidad de jugar junto a un jugador, y 20 años más tarde, con su hijo. Ese tipo de anécdotas y casualidades es lo que te hace ver la dimensión de lo que son 26 temporadas, 500 partidos.

Las 6 primeras fueron en Regional hasta que conseguimos el ascenso a Autonómica. Desde entonces no hemos vuelto a bajar a Regional, y me enorgullece haber sido capaz de mantener al equipo en esta categoría con varias generaciones distintas. La primera vez que competimos en Autonómica creímos que era un hito que un equipo como el nuestro se mantuviera en esa competición. Y lo hemos ido repitiendo durante 20 años seguidos. Ahora nadie se imagina a nuestro primer equipo en Regional, sería como una tragedia. Ese salto en nuestra mentalidad como club es importante.


Estuviste a punto de no dedicarte al baloncesto…

Yo empecé jugando a fútbol, hasta que un abuelo de uno de los niños me pegó un día un bastonazo porque me metieron un gol por debajo de las piernas. Y dije: hasta aquí. Mi hermano era entrenador de baloncesto y me puso a entrenar con los que tenían dos años más que yo. Esto ocurrió cuando estaba en tercero de EGB (lo que hoy sería tercero de primaria). Y así hasta hoy. En mi familia todos han sido futbolistas profesionales o semiprofesionales. Los ‘raros’ somos Javi y yo, que nos ha dado por el basket.

En toda tu vida deportiva habrás experimentado todo tipo de partidos, experiencias y anécdotas. ¿Cuál es el que mejor recuerdo te trae y por qué?

Probablemente los mejores recuerdos son los dos ascensos. El de Regional a Autonómica y el de Autonómica a Nacional. No por el resultado del éxito, sino porque jugábamos un baloncesto excelente. Y cuando consigues jugar así, disfrutas mucho más y los éxitos llegan.

Que mis hijos me hayan visto jugar es otro de los momentos más felices. Y ahora que son conscientes y lo van a recordar, todavía más. Estar durante cerca de 20 años a las órdenes de mi hermano también, aunque me traía muchas más discusiones que otra cosa. Y jugar junto a 11 compañeros de equipo, que previamente todos habían sido entrenados por mí, jugar contra jugadores que luego han sido profesionales… Han sido muchos momentos memorables.

¿Y el peor?

El momento más triste fue el fallecimiento de Leire Pérez. Y el peor momento fueron los 30 minutos que pasé en una final de copa senior contra el Pub Magic La Peña, en Zubimendi (Portugalete). Iker Serna y yo habíamos sido convocados para jugar la final siendo juniors. En un contraataque, empujaron a Iker contra la colchoneta, cayó de cabeza y perdió el conocimiento durante un buen rato. Yo fui el primero en llegar del contraataque, y cuando comenzó a convulsionar hice lo que no había que hacer, meter la mano en la boca para que no se tragase la lengua. Por suerte no me pasó nada, pero Iker estuvo en cama varias semanas con una lesión cervical. El resultado de la final después de ese acontecimiento fue lo de menos. Los 30 minutos que pasaron hasta que llegó la ambulancia ha sido mi peor momento.

Tras tantas temporadas, ¿con qué te quedas? ¿Qué es lo que más ilusión te hace de tu trayectoria?

Siempre lo digo, lo que más me enorgullece es que todos y cada uno de quienes han jugado a mi lado y han llegado a senior son gente ‘de puta madre’. No solo a nivel humano y con quien tienes amistad, que también, sino que que son personas de la que te puedes fiar, preparada, que ha salido adelante en la vida. No hay ninguno que sea un cafre. Y tener hermanos en Canarias (Eder y Marc), en Navarra (Julen, Josu, Esteban, Dani y Hasier), en Vitoria (Lander y Andoni), en Madrid (Jordi, Jonan, Negro…), prácticamente en toda España. Incluso en Islandia y EEUU. Es la ostia. Los últimos años incluso me ha ayudado a mejorar ampliamente mi inglés. Eso es lo más grande con lo que me quedo: todas las personas que han compartido vestuario conmigo.

¿Cómo se lleva ser el veterano del equipo?

Ya no soy veterano. Soy un abuelo. Se lleva mal para jugar, porque la cabeza te va mucho más rápido que las piernas, y a pesar de que ves que entiendes mucho mejor el deporte, tu cuerpo no te deja ejecutar las cosas como tú quisieras. Eso frustra. Sientes envidia de los compañeros de equipo que tienen la frescura que hace falta para jugar a esto. A pesar de que sabes que la mayoría de las veces ya no puedes competir, intentas ponérselo lo más difícil posible. A esta edad lo único que puedo aportar es experiencia. Hay pocas cosas a estas alturas que ya no haya vivido, aunque siempre te llevas alguna sorpresa

¿Hasta cuándo tienes pensado seguir jugando?

Jugando hasta que pueda y el cuerpo me lo permita. Pero jugando en Autonómica, tengo la sensación de que esta va a ser la última. No me atrevo a asegurarlo, pero esa es mi intención. Quiero tomarmelo de una forma más relajada, y disfrutar de jugar.

En autonómica, parece que no, pero el nivel de exigencia es alto. Y eso supone un esfuerzo físico que mi cuerpo ya no es capaz de aguantar. Es raro acabar un entrenamiento o un partido sin algún tipo de dolor. Ya quería haberlo dejado hace dos años, pero llegó la pandemia y quiero dejarlo un año en el que podamos hacer una temporada de principio a fin, sin problemas ni interrupciones.

Has jugado con gente que entrenaste cuando eras muy pequeño. ¿Es especial?

Hay que tener en cuenta que solo dos jugadores del primer equipo actual habían nacido cuando yo jugué mi primer partido en senior. Les he visto crecer a todos, como personas y como jugadores. Fue especial cuando me dí cuenta que todos mis compañeros habían sido entrenados por mí. Luego ya he asumido esa circunstancia como algo normal. A la mayoría les he visto en sus primeros partidos de peques, les he visto crecer, les he visto madurar, y ahora les estoy viendo hacerse adultos. Hay varios entrenadores del club que están en esa situación, como José Manuel, Iñigo, Aketza, y metería ya también en ese grupo a Ander.